Un proceso que afecta a la mitad de la población mundial y que puede convertirse en un período de vulnerabilidad psicológica

27 Abr, 2026

La menopausia, aunque puede producirse de forma anticipada, suele darse en mujeres en torno a los 50 años. Las principales señales de inicio de este proceso son la irregularidad de los ciclos menstruales o la disminución de los niveles de estrógeno.

Sin embargo, limitar la menopausia a un mero fenómeno biológico supone un enfoque claramente reduccionista. Los síntomas pueden afectar no solo al cuerpo, sino también a aspectos psicológicos, emocionales y sociales de la vida de las mujeres. Alteraciones del sueño, problemas de memoria o inestabilidad emocional forman parte de una experiencia mucho más compleja de lo que tradicionalmente se ha considerado.

En este sentido, resulta imprescindible que la menopausia, un proceso por el que atraviesa aproximadamente la mitad de la población mundial, sea entendida como un auténtico punto de inflexión vital. En este abordaje debería adquirir un papel más activo la psicología clínica, ya que puede convertirse tanto en un periodo de especial vulnerabilidad psicológica… como en una etapa de transformación y crecimiento personal.

Prácticamente todas las mujeres experimentarán algún síntoma clínicamente relevante durante la transición menopáusica. Estas manifestaciones pueden tener un impacto significativo en la vida cotidiana: pérdida de productividad, dificultades en las relaciones interpersonales, mayor utilización de los servicios sanitarios y, especialmente, un malestar psicológico que con frecuencia no se comparte con el entorno y que puede llegar a generar un gran sufrimiento.

Históricamente, la menopausia ha sido una etapa vital rodeada de desinformación y marcada por una fuerte invisibilización social. Esta falta de reconocimiento amplifica la vivencia negativa de los síntomas asociados y puede contribuir incluso a la aparición de estigma hacia quienes la atraviesan.

Síntomas y abordajes

Es cierto que síntomas vinculados con la menopausia más frecuentes son los vasomotores (sofocos o sudoraciones nocturnas) que afectan hasta al 75% de las mujeres.

Pero también hay otros síntomas y alteraciones que son muy frecuentes, como los depresivos (entre el 45% y el 68% de las mujeres refiere síntomas asociados con la depresión); las alteraciones del sueño, con un porcentaje muy similar, entre el 40% y el 60%, de mujeres que refieren despertares nocturnos o insomnio, o síntomas cognitivos como “niebla mental”, problemas de memoria o dificultades de atención y concentración.

Es por ello por lo que, además de un abordaje farmacológico, que suele ser el más frecuente, sería deseable poder incorporar intervenciones psicológicas y conductuales como parte de la atención a este proceso.

Asimismo, tal y como recoge un artículo publicado en Nature Reviews Psychology, existen diversos factores que incrementan la vulnerabilidad frente a la aparición de síntomas. Entre ellos destaca el historial previo de depresión o ansiedad, que puede aumentar hasta trece veces el riesgo de recaída o de aparición de nuevos episodios durante la menopausia.

Del mismo modo, se ha constatado la relevancia de factores socioeconómicos, como el nivel de renta o de educación, así como la sobrecarga derivada de los cuidados a personas dependientes, en la mayor prevalencia e intensidad de los síntomas experimentados durante esta etapa.