El lugar donde vivimos juega un papel clave en la vulnerabilidad a trastornos mentales graves, especialmente en las mujeres

20 Feb, 2026

Son numerosos los estudios que demuestran que la clase social tiene un impacto en la salud mental de las personas, como la Encuesta Nacional de Salud de España, donde se pone de manifiesto que los trastornos de la salud mental presentan un «claro gradiente social»: a menores recursos económicos mayor probabilidad de sufrir problemas de salud mental, un gradiente más marcado en mujeres.

Recientemente un grupo de investigación de la Universidad de Castilla-La Mancha (UCLM) ha elaborado un estudio que corrobora esta relación y lo hace analizando datos de más de un centenar de pacientes que experimentaron un primer episodio psicótico entre 2016 y 2022 en la ciudad de Albacete.

Los resultados revelan que las áreas con menores ingresos registran tasas significativamente más altas de incidencia de ese primer episodio, lo que pone de manifiesto que las desigualdades económicas ejercen una influencia importante en la vulnerabilidad a trastornos mentales graves, especialmente en las mujeres, un grupo que presenta una intersección de factores que agrava su situación.

El análisis no solo se centró en la situación geográfica del domicilio de las personas analizadas, sino que también tuvo en cuenta otros factores de riesgo individuales como el consumo de sustancias.

Ante este escenario, el panel investigador de la UCLM propone que las políticas públicas se diseñen con parámetros más equitativos y centradas en las necesidades reales de las comunidades, conectando la salud mental, las desigualdades económicas y planificación urbana.

“El lugar donde vivimos importa, pero también importa quiénes somos y las desigualdades que afrontamos” se señala en el estudio, en el que también se considera necesario diseñar e implementar enfoques de intervención que sean profundamente sensibles al género, reconociendo las realidades diferenciadas que afronta la población femenina, algo “clave para romper el círculo de desigualdad y garantizar una atención en salud mental más equitativa y efectiva”.

Los primeros episodios psicóticos (alucinaciones, delirios, conductas desorganizadas e incluso ideaciones suicidas asociadas a la angustia) suelen manifestarse entre el final de la adolescencia y los 30 años, por lo que su detección precoz ayudaría a mejorar el proyecto vital de la persona afectada.

PARA MÁS INFORMACIÓN: https://theconversation.com/el-peso-de-las-desigualdades-asi-influye-el-lugar-donde-vivimos-en-la-salud-mental-271440