Crecer bajo presión: los desafíos para la salud mental de las niñas y adolescentes

21 Oct, 2026

La adolescencia es un tiempo de descubrimientos, cambios y construcción de la propia identidad. Un período donde las relaciones personales, la necesidad de pertenencia y la mirada de los demás adquieren una especial importancia. Pero también es una etapa en la que las expectativas sociales y los estereotipos de género pueden condicionar profundamente el bienestar emocional.

Este año, con motivo del Día Mundial de la Salud Mental, desde el movimiento asociativo hemos puesto el foco en la necesidad de proteger y promover la salud mental de la infancia, la adolescencia y la juventud, bajo el lema “Haz match con tu salud mental”.

Una reivindicación que también invita a reflexionar sobre las dificultades específicas que afrontan las niñas y las adolescentes.

Desde edades tempranas, muchas chicas crecen rodeadas de mensajes sobre cómo deben comportarse, qué aspecto físico deberían tener o qué se espera de ellas. Ser amables, agradar, cumplir determinados cánones de belleza o responder a expectativas sociales puede convertirse en una fuente constante de presión.
Son numerosos los estudios que relacionan los roles tradicionales de género con un mayor escrutinio social sobre las niñas, la discriminación, la presión estética y la exposición a distintas formas de violencia. Factores que pueden repercutir negativamente en su autoestima y su salud mental.

Redes sociales

Las redes sociales añaden una nueva dimensión a estas presiones. Aunque ofrecen oportunidades para relacionarse y encontrar espacios de apoyo, también pueden amplificar los ideales de belleza, las comparaciones constantes y determinadas formas de violencia.

El 72,2% de las mujeres jóvenes de entre 18 y 20 años ha recibido comentarios sobre su físico o mensajes sexuales no deseados en Internet. Además, el 58,8% ha sufrido ataques o insultos machistas en el entorno digital.

No se trata, por tanto, únicamente de cómo utilizan las adolescentes las redes sociales, sino también de qué encuentran en ellas y de las desigualdades y violencias a las que pueden estar expuestas.

Violencia machista

La violencia machista constituye otro factor especialmente preocupante. El 80,8% de las mujeres jóvenes que han sufrido violencia en su pareja actual o en relaciones anteriores manifiesta haber experimentado alguna consecuencia psicológica.

Unas cifras que ponen de manifiesto que la salud mental no depende exclusivamente de circunstancias individuales. También está profundamente condicionada por las relaciones, las experiencias y los entornos en los que crecemos.

Por eso, proteger la salud mental de las niñas y adolescentes exige algo más que enseñarles a gestionar sus emociones. Es necesario cuestionar los estereotipos de género, prevenir las violencias, promover relaciones igualitarias y construir espacios educativos, familiares y digitales, donde puedan expresarse libremente y sentirse escuchadas.

También resulta imprescindible garantizar una atención a la salud mental accesible, temprana y adaptada a sus necesidades, que incorpore la perspectiva de género y tenga en cuenta las circunstancias sociales que pueden estar detrás del malestar.

Cuidar la salud mental de las niñas y adolescentes significa permitirles crecer sin tener que responder constantemente a expectativas ajenas, escucharlas, respetar su identidad y ofrecerles herramientas y apoyos para construir su propio camino.