Soledad no deseada y salud mental: un círculo que necesitamos romper

24 Sep, 2026

Sentirse solo no es lo mismo que estar solo. Hay personas que disfrutan de momentos de soledad elegida y otras que, aun estando acompañadas, experimentan una profunda falta de vínculos, apoyo o pertenencia. Cuando esa sensación no es deseada y se prolonga en el tiempo, puede tener importantes consecuencias para el bienestar emocional y la salud mental.

La relación entre soledad no deseada y problemas de salud mental es estrecha y bidireccional. La soledad puede favorecer la aparición o el agravamiento de problemas como la ansiedad o la depresión y, al mismo tiempo, atravesar un problema de salud mental puede dificultar las relaciones personales, favorecer el aislamiento y aumentar la sensación de soledad.

El estudio Soledad no deseada y salud mental en España 2026, elaborado por el Observatorio Estatal de la Soledad No Deseada (SoledadES) permite dimensionar esta realidad: una de cada cinco personas adultas en España (20,2%) experimenta actualmente soledad no deseada.

Pero no afecta a todo el mundo por igual. Entre las mujeres alcanza el 23,2%, frente al 16,6% de los hombres. También es más frecuente entre las personas que viven solas, tienen alguna discapacidad, atraviesan dificultades económicas o carecen de redes de apoyo suficientes.

Los datos muestran, además, hasta qué punto soledad y salud mental están conectadas. La soledad no deseada es casi cinco veces más frecuente entre las personas con problemas de salud mental (49,1%) que entre quienes no los presentan (11%). A su vez, el 58,4% de las personas que se sienten solas presentan algún problema de salud mental, diagnosticado o percibido.

Estamos, por tanto, ante un círculo que puede retroalimentarse y en el que también intervienen las condiciones en las que vivimos.

Una realidad que afecta especialmente a las mujeres

Las mujeres no solo presentan una mayor prevalencia de soledad no deseada. El mismo estudio señala que los problemas de salud mental afectan al 30,1% de ellas, frente al 17% de los hombres.

Detrás de estas diferencias pueden encontrarse múltiples circunstancias personales y sociales: las responsabilidades de cuidados, las dificultades económicas, la discapacidad, la pérdida de autonomía, situaciones de discriminación o la debilidad de las redes de apoyo.

Incorporar la perspectiva de género permite, por tanto, no interpretar la soledad únicamente como un problema individual, sino analizar también las circunstancias que pueden hacer que determinadas personas estén más expuestas a ella.

Los vínculos también protegen nuestra salud mental

Uno de los datos más reveladores del estudio tiene que ver precisamente con el apoyo social. Entre quienes afirman no tener a nadie a quien recurrir en caso de necesidad, la soledad alcanza el 46,7%. Entre las personas que cuentan con una red de apoyo amplia, se sitúa alrededor del 10%.

Y no se trata únicamente de cuántas personas tenemos alrededor. Importa la calidad de esos vínculos: sentirnos escuchados, poder compartir una preocupación, pedir ayuda o saber que alguien estará disponible cuando lo necesitemos.

Por eso, la respuesta a la soledad no deseada no puede recaer exclusivamente sobre la persona que la experimenta ni limitarse al ámbito sanitario. Necesitamos también espacios de encuentro, redes de apoyo, asociaciones, recursos comunitarios y oportunidades para participar y sentirnos parte de nuestra comunidad.

Prevenir la soledad no deseada significa fortalecer esos vínculos y prestar especial atención a quienes encuentran mayores dificultades para establecerlos o mantenerlos.

Porque cuidar la salud mental también significa cuidar nuestras relaciones y construir comunidades en las que nadie tenga que afrontar su malestar en soledad.